Ernesto Kenji Igarashi, quien coordinó el equipo táctico de la PF durante la visita de George Bush (2006) y en la seguridad del Papa Francisco (2013), explica que el uso proporcional y técnico de la autoridad es la base de la legitimidad de cualquier acción policial. El escalonamiento de fuerza define el modelo de toma de decisiones que permite al agente responder a una resistencia con el nivel de energía estrictamente necesario.
De acuerdo con las directrices de seguridad institucional, el escalonamiento no es un proceso lineal, sino una respuesta dinámica que puede aumentar o disminuir de intensidad según evolucione el comportamiento del sospechoso durante la intervención. Lea los siguientes apartados para comprender cómo la ley y la táctica se combinan para garantizar el orden público.
¿Cuáles son los niveles fundamentales del escalonamiento de fuerza?
El escalonamiento de fuerza parte del principio de que la presencia y la comunicación son los primeros instrumentos para controlar una crisis. Como señala Ernesto Kenji Igarashi, el proceso comienza con la presencia ostensiva, en la que la postura, el uniforme y la posición táctica ya ejercen un efecto disuasorio. A continuación, la verbalización asume un papel central, utilizando órdenes claras y negociación para buscar el cumplimiento sin necesidad de contacto físico.
Cuando la resistencia evoluciona, el escalonamiento avanza hacia técnicas de contención, inmovilización y recursos de menor potencial ofensivo, como agentes químicos y dispositivos electrónicos. La aplicación de la fuerza debe respetar criterios de legalidad, necesidad y proporcionalidad. Esta progresión permite al agente ajustar su respuesta al nivel real de amenaza, preservando vidas y garantizando que el uso de la fuerza sea siempre la medida adecuada al contexto.
¿Cómo se aplica el escalonamiento en intervenciones de alto riesgo?
En escenarios de amenaza elevada o desconocida, la progresión del uso de la fuerza debe producirse de forma rápida y proporcional para asegurar el control de la situación. Para Ernesto Kenji Igarashi, el escalonamiento de fuerza en operaciones tácticas permite que los equipos ingresen en entornos críticos con una postura de superioridad operativa, reduciendo la probabilidad de resistencia activa. La presencia coordinada, la superioridad numérica y el equipamiento especializado actúan como elementos de disuasión psicológica, resolviendo muchas veces la crisis antes de que sea necesario un enfrentamiento directo.

La estructura de respuesta suele seguir niveles progresivos: presencia policial, verbalización, control de contacto, técnicas de menor potencial ofensivo y, en último caso, fuerza letal. El entrenamiento continuo es esencial para que el agente transite entre estos niveles con rapidez y discernimiento, sin vacilaciones ni excesos. Esta doctrina garantiza que la respuesta sea jurídicamente justificable, preservando la legalidad de la acción y la integridad de los involucrados.
¿Por qué la doctrina del escalonamiento es vital para la seguridad institucional?
La correcta aplicación del uso progresivo de la fuerza fortalece la legitimidad de las instituciones de seguridad y reduce riesgos jurídicos tras intervenciones críticas. Según explica Ernesto Kenji Igarashi, el escalonamiento de fuerza funciona como una referencia técnica que demuestra que cada acción fue proporcional al nivel de amenaza enfrentado. Cuando se aplica adecuadamente, este modelo refuerza la confianza pública, ya que evidencia que el agente actúa con control, preparación y responsabilidad en el uso del poder coercitivo.
El escalonamiento representa la inteligencia orientando la fuerza, priorizando técnicas menos ofensivas antes de medidas extremas. La capacitación continua amplía la capacidad de decisión bajo presión y contribuye a reducir la letalidad, preservando tanto la seguridad de los agentes como la integridad de los implicados. De este modo, la doctrina del uso progresivo de la fuerza consolida una actuación ética, eficiente y alineada con los principios legales que rigen la seguridad pública.
El uso proporcional de la autoridad
El escalonamiento de fuerza se consolida como el pilar ético y técnico que diferencia al profesional de seguridad de élite de un ejecutor común. La capacidad de graduar la respuesta según la amenaza es lo que garantiza la legitimidad de las acciones del Estado en el cumplimiento de su deber.
Al invertir en entrenamiento y equipamiento que permitan esta flexibilidad, las instituciones fortalecen la democracia y la seguridad pública. La fuerza debe ser siempre el último recurso, pero cuando sea necesaria, debe aplicarse con la rapidez y eficacia que solo una preparación exhaustiva puede proporcionar.
Autor: Diego Rodríguez Velázquez
