Como menciona el empresario Sergio Bento de Araujo, la evaluación automatizada con inteligencia artificial ha ganado espacio en contextos educativos, corporativos e institucionales, impulsada por la búsqueda de eficiencia, estandarización y rapidez en el análisis del desempeño. Los sistemas basados en algoritmos ya son capaces de corregir pruebas objetivas, analizar patrones de respuestas, identificar plagio e incluso ofrecer retroalimentaciones preliminares. Este avance tecnológico promete optimizar los procesos evaluativos y reducir la sobrecarga del trabajo humano.
La tecnología avanza, pero evaluar sigue siendo un acto complejo. Acompañe la lectura y comprenda hasta dónde puede llegar la automatización y por qué la mirada humana sigue siendo indispensable.
¿Qué puede medir con precisión la evaluación automatizada con inteligencia artificial?
La evaluación automatizada con inteligencia artificial presenta un alto desempeño en el análisis de datos estructurados y objetivos. Preguntas de opción múltiple, pruebas estandarizadas, respuestas cerradas y patrones lingüísticos repetitivos son ejemplos de situaciones en las que los algoritmos operan con gran eficiencia. En estos casos, la automatización garantiza rapidez, consistencia y reducción de errores humanos.

Además, los sistemas inteligentes pueden identificar tendencias en grandes volúmenes de datos. Pueden mapear dificultades recurrentes, acompañar la evolución del desempeño a lo largo del tiempo y generar informes detallados para apoyar la toma de decisiones. Según Sergio Bento de Araujo, este tipo de análisis sería inviable de forma manual en contextos con muchos estudiantes o evaluaciones frecuentes.
¿Cuáles son los límites de la automatización en la evaluación de aprendizajes complejos?
A pesar de sus avances, la inteligencia artificial encuentra límites significativos al abordar aprendizajes complejos. Competencias como el pensamiento crítico, la creatividad, la argumentación profunda, la ética y la sensibilidad cultural no pueden ser plenamente capturadas por modelos algorítmicos. Estas dimensiones exigen interpretación contextual y comprensión cualitativa, algo que va más allá de la capacidad actual de las máquinas.
Otro límite importante está en la dependencia de los datos de entrenamiento. Los algoritmos aprenden a partir de bases de datos preexistentes, que pueden contener sesgos, vacíos o visiones restringidas. Según el empresario Sergio Bento de Araujo, esto puede conducir a evaluaciones injustas, especialmente cuando se trata de producciones autorales, estilos diversos de escritura o contextos socioculturales distintos.
Además, la automatización tiende a valorar lo que es mensurable, dejando en segundo plano procesos de aprendizaje que no se traducen fácilmente en números. El riesgo es reducir la evaluación a indicadores superficiales, comprometiendo la comprensión real del desarrollo del estudiante o de la persona evaluada.
¿Cómo equilibrar la inteligencia artificial y el juicio humano en los procesos evaluativos?
El equilibrio entre tecnología y juicio humano es el camino más consistente para evaluaciones de calidad. La inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de apoyo, y no como sustituta de la mirada crítica del educador o evaluador. Puede organizar datos, sugerir patrones y agilizar etapas operativas, liberando tiempo para análisis más profundos.
En este modelo híbrido, el papel humano sigue siendo central en la interpretación de los resultados. Corresponde al evaluador contextualizar la información, considerar trayectorias individuales y evaluar aspectos subjetivos que la máquina no alcanza. Por último, como destaca Sergio Bento de Araujo, la tecnología aporta insumos, pero la decisión final debe estar orientada por criterios pedagógicos, éticos e institucionales.
Autor: Jerome Rutland
