Con el avance de un ciclo de morosidad que no afecta a todos los sectores de la economía con la misma intensidad, Felipe Rassi, especialista en el mercado financiero, destaca que la asignación de capital en activos en dificultades requiere, antes de cualquier decisión, una lectura precisa del riesgo sectorial involucrado. Invertir en distressed assets sin comprender la dinámica específica del sector en el que opera el deudor es un error que el mercado brasileño de 2026 ha castigado de manera cada vez más implacable a gestoras e inversores que tratan estos activos como una categoría homogénea.
Prepárese para comprender mejor cuáles son los criterios que orientan las decisiones de asignación más sofisticadas en este segmento y por qué el sector de actividad del deudor suele ser, en muchos casos, más determinante que el propio perfil de la deuda.
¿Por qué el sector importa más que el activo aislado?
El análisis tradicional de crédito concentra su atención en el deudor: su historial de pagos, su estructura de capital, la calidad de sus garantías y su capacidad de generación de flujo de caja. Estos elementos son indispensables, pero resultan insuficientes cuando el objetivo es evaluar activos en dificultades en un entorno de tensión sectorial generalizada. Un deudor con un buen historial que opera en un sector en colapso estructural presenta un perfil de riesgo completamente distinto al de un deudor con antecedentes problemáticos que actúa en un sector con fundamentos sólidos y una demanda creciente.
Esta distinción tiene implicaciones directas sobre la valoración del activo, la estrategia de recuperación más adecuada y el horizonte de retorno esperado. Las carteras de NPL concentradas en sectores con perspectivas de recuperación cíclica responden a estrategias de espera y renegociación que serían completamente inadecuadas para carteras concentradas en sectores con cambios estructurales permanentes, como aquellos afectados por transformaciones tecnológicas o por modificaciones regulatorias irreversibles.
Según señala Felipe Rassi, las gestoras que desarrollan una sólida capacidad de análisis sectorial logran identificar oportunidades de asignación que los operadores generalistas simplemente no perciben, precisamente porque la lectura del sector permite anticipar trayectorias de recuperación que los indicadores financieros del deudor, por sí solos, no revelan.
Sectores en estrés cíclico frente a sectores en transformación estructural
Una de las distinciones más críticas en el análisis del riesgo sectorial para la asignación en distressed assets es la diferencia entre los sectores en estrés cíclico y aquellos en transformación estructural. Sectores en estrés cíclico, como la construcción, el comercio minorista de gama media y el transporte de carga, sufren presión en períodos de tipos de interés elevados y contracción del consumo, pero tienden a recuperarse cuando el ciclo económico cambia de dirección. Por el contrario, los sectores en transformación estructural, como determinadas áreas del comercio minorista tradicional afectadas por el comercio electrónico o segmentos industriales impactados por la automatización, enfrentan presiones que no se resuelven con la mejora del entorno macroeconómico.

En opinión de Felipe Rassi, confundir estas dos categorías es uno de los errores más costosos que puede cometer un inversor en distressed assets. Asignar capital a activos pertenecientes a sectores con estrés estructural esperando una recuperación cíclica genera carteras que permanecen atrapadas en posiciones sin liquidez durante períodos muy superiores a los proyectados, con tasas de recuperación que nunca alcanzan las premisas originales del modelo de inversión.
Metodologías de análisis sectorial aplicadas a la asignación en activos en dificultades
El análisis sectorial aplicado a la asignación en distressed assets combina herramientas de análisis macroeconómico, inteligencia competitiva y modelización financiera de manera integrada. El punto de partida es comprender el ciclo sectorial: en qué fase del ciclo se encuentra el sector, cuáles son los principales factores que presionan los márgenes operativos de las empresas del segmento y cuál es el horizonte probable para la normalización de las condiciones.
A partir de esta lectura macroeconómica, el análisis desciende al nivel competitivo: cómo se posiciona el deudor dentro de su sector, cuál es su cuota de mercado relativa, hasta qué punto su modelo de negocio es capaz de resistir las presiones sectoriales en curso y cuáles son los activos tangibles e intangibles que conservan valor independientemente del desempeño operativo a corto plazo. Como explica Felipe Rassi, la combinación de estas dos capas de análisis, la sectorial y la competitiva, es lo que permite construir una tesis de inversión en un activo en dificultades que va más allá de la expectativa de descuento y fundamenta el retorno esperado en bases concretas y verificables.
Concentración sectorial y construcción de cartera en distressed assets
La gestión del riesgo de concentración sectorial en carteras de distressed assets constituye un desafío operativo que va mucho más allá de la simple diversificación. Distribuir capital entre múltiples sectores sin un criterio de correlación puede generar una falsa sensación de diversificación que desaparece precisamente en los momentos de estrés sistémico, cuando sectores aparentemente distintos comienzan a mostrar comportamientos correlacionados como respuesta a un mismo choque macroeconómico.
De acuerdo con Felipe Rassi, la construcción de una cartera verdaderamente diversificada en distressed assets exige identificar las correlaciones reales entre los distintos sectores bajo diferentes escenarios de estrés, y no limitarse a una distribución geográfica o sectorial superficial de los activos. Las carteras que combinan activos de sectores con motores de ingresos diferentes, exposiciones cambiarias opuestas y sensibilidades distintas a las variaciones de los tipos de interés tienden a mostrar un comportamiento mucho más estable en escenarios adversos que aquellas diversificadas únicamente sobre el papel. Esta disciplina en la construcción de carteras, todavía poco difundida entre los operadores brasileños de menor tamaño, es lo que diferencia a las gestoras con un historial consistente de rentabilidad ajustada al riesgo de aquellas que dependen de ciclos favorables para obtener resultados.
