El cambio climático ha dejado de ser un horizonte lejano para convertirse en un factor de riesgo cotidiano en las ciudades brasileñas, tal como señala Felipe Schroeder dos Anjos, ingeniero ambiental. Sin embargo, gran parte del debate público sobre adaptación climática todavía ignora un vínculo decisivo: el saneamiento básico. Las lluvias más intensas, las inundaciones recurrentes y el colapso de los sistemas de drenaje demuestran que invertir en redes de alcantarillado y gestión de residuos no es una cuestión ambiental aislada, sino un pilar estructural de la resiliencia urbana.
El razonamiento puede parecer técnico, pero afecta directamente la vida de quienes viven en las ciudades. Las aguas residuales mal gestionadas y los residuos acumulados convierten cualquier temporal en un problema de salud pública, y no solamente de infraestructura. Teniendo esto en cuenta, a continuación veremos cómo el saneamiento está directamente relacionado con la capacidad de las ciudades para hacer frente a fenómenos climáticos extremos.
¿Cómo afecta el saneamiento a la respuesta de las ciudades ante fenómenos extremos?
Cuando una lluvia intensa cae sobre una ciudad sin una red de drenaje adecuada, el problema rara vez se limita al volumen de agua. Las aguas residuales que deberían permanecer contenidas en las tuberías llegan a las calles, se mezclan con el agua de lluvia y contaminan zonas residenciales enteras. El resultado es un fenómeno climático que se convierte, casi de inmediato, en una crisis sanitaria.
Felipe Schroeder dos Anjos explica que las ciudades que descuidan el mantenimiento de las redes de alcantarillado multiplican los efectos de cualquier lluvia intensa, porque la infraestructura que debería absorber el impacto ya funciona al límite incluso antes de que comience el fenómeno climático. Esto explica por qué los barrios con un saneamiento deficiente sufren consecuencias desproporcionadas en comparación con el resto de la ciudad.
Cambio climático: por qué las aguas residuales sin tratar aumentan los riesgos urbanos
El calentamiento global intensifica las lluvias concentradas en períodos cortos, lo que sobrecarga sistemas que ya se encuentran debilitados. Como menciona el ingeniero ambiental Felipe Schroeder dos Anjos, sin un tratamiento adecuado, las aguas residuales se extienden por las calles inundadas y llegan a ríos y embalses utilizados para el abastecimiento, generando un ciclo de contaminación difícil de revertir rápidamente.

Este escenario también aumenta la proliferación de enfermedades transmitidas por el agua, como la leptospirosis y las diarreas infecciosas, precisamente durante períodos en los que los hospitales ya enfrentan una mayor demanda de atención de emergencia relacionada con desastres climáticos. Esta superposición de crisis es una de las señales más claras de que el saneamiento y la adaptación climática deberían abordarse como una única política pública.
Residuos sólidos y drenaje: las piezas que faltan en la planificación climática
Además de las aguas residuales, la acumulación de residuos sólidos obstruye desagües, canales y cursos de agua, reduciendo la capacidad de drenaje de las ciudades precisamente cuando más se necesita. De este modo, una planificación urbana que aborda los residuos y el drenaje como cuestiones separadas tiende a subestimar el riesgo real de inundaciones, tal como destaca Felipe Schroeder dos Anjos. Entre los factores que más comprometen la resiliencia urbana frente a fenómenos extremos se encuentran:
- Recolección irregular de residuos: la basura acumulada en las vías públicas obstruye los desagües y reduce la capacidad de evacuación del agua durante las lluvias intensas;
- Redes de alcantarillado obsoletas: las tuberías antiguas se rompen con facilidad bajo la presión de grandes volúmenes de agua;
- Ausencia de áreas de infiltración: el suelo impermeabilizado impide que parte del agua de lluvia sea absorbida de manera natural;
- Falta de monitoreo continuo: los sistemas sin sensores ni inspecciones periódicas solo revelan sus fallas después de que el daño ya se ha producido.
Estos puntos demuestran que la resiliencia climática de una ciudad depende de decisiones tomadas mucho antes de cualquier tormenta, en el momento en que se planifica y mantiene la infraestructura.
¿Qué hace diferente una ciudad preparada?
Las ciudades que avanzan en este ámbito consideran el saneamiento como una infraestructura crítica, con el mismo nivel de prioridad que los hospitales o los sistemas energéticos. Esto significa invertir en mantenimiento preventivo, ampliar las redes de alcantarillado en las zonas periféricas e integrar los datos de drenaje en la planificación urbana a largo plazo.
Como destaca el ingeniero ambiental Felipe Schroeder dos Anjos, la diferencia entre una ciudad vulnerable y una ciudad adaptada no reside únicamente en el volumen de inversión, sino también en la forma en que se organiza dicha inversión. Las acciones fragmentadas, sin integración entre las secretarías de medio ambiente, obras públicas y salud, tienden a repetir los mismos errores ante cada nuevo fenómeno climático extremo.
El saneamiento como una inversión en el futuro, no como una respuesta de emergencia
En conclusión, tratar el saneamiento como una respuesta de emergencia, activada únicamente después de cada temporal, es una decisión costosa e ineficiente. Por lo tanto, el camino más racional consiste en reconocer que el cambio climático exige una infraestructura diseñada para las próximas décadas, y no solamente para la próxima lluvia. De este modo, las ciudades que se anticipan a esta realidad reducen los costos futuros y protegen a las poblaciones más vulnerables, que normalmente pagan el precio más alto de la negligencia.
